Mientras la mayoría de los robots humanoides se limitan a ejecutar coreografías milimétricas en laboratorios asépticos, el TienKung Omni ha decidido salir ahí fuera a “hacer piernas” subiendo 17 pisos del tirón. No estamos ante otro vídeo promocional con trampa y cartón; se trata de una prueba de resistencia brutal donde el robot confía únicamente en una cámara de profundidad para orientarse, deshaciéndose por completo de los “ruedines” técnicos que supone el motion-capture. Aquí el objetivo es la locomoción estable y sostenida en entornos reales, navegando desde terrenos abruptos hasta el purgatorio infinito de una escalera de incendios. Al final del día, la autonomía en el mundo real es el nuevo estándar de oro para la robótica bípeda.