En China, tu próximo helado de máquina podría venir de la mano de un empleado que no conoce el agotamiento, no negocia convenios y, desde luego, no se equivoca jamás con el pedido. Este quiosco robótico es capaz de despachar tu postre en apenas 30 segundos, una muestra de eficiencia casi gélida que nos asoma al futuro de la hostelería automatizada. Mientras los turistas se maravillan con esta joya de la ingeniería, los adolescentes que aspiran a ese primer empleo de verano deberían ir asumiendo que, tal vez, su futuro esté más en el código que en el mostrador.