Justo cuando creíamos que el jazz era el último refugio a prueba de algoritmos, Masatoshi Hamanaka entra en escena con un saxofón robótico que no tiene nada de improvisado. Presentado en el ICRA 2026, este prodigio de cables y servomotores —con más soul del que su chasis sugiere— cuenta con un sistema de digitación automática de alta precisión. El invento es solo el primer paso hacia un ambicioso proyecto para crear un cuarteto robótico completo. Parece que la fila del paro para los músicos de sesión acaba de ganar un nuevo y brillante matiz metálico.