En un movimiento que mezcla a partes iguales ambición industrial y ajedrez geopolítico, Serbia ha inaugurado oficialmente lo que su gobierno califica como la primera fábrica de producción masiva de robots humanoides en suelo europeo. Ubicada en la ciudad de Šabac, esta planta es el fruto de la alianza entre el gigante chino de componentes automotrices Minth Group y la meteórica firma de robótica AGIBOT, con el objetivo final de fabricar 20.000 robots humanoides y perros robóticos al año.
El proyecto arranca con una inversión de 20 millones de euros en la planta de Šabac, aunque es solo el aperitivo de un ambicioso Parque Industrial de Robótica de 200 millones de euros proyectado en la ciudad de Inđija. El presidente serbio, Aleksandar Vucic, que no quiso perderse la demostración de un robot doblando ropa y practicando caligrafía china, señaló que la meta inicial es ensamblar más de 5.000 unidades anuales. Y ojo, que los modelos de AGIBOT no son precisamente juguetes: su línea A2 de humanoides alcanza los 175 cm de altura, puede desplazarse a 7 km/h y esconde bajo el capó un sistema de IA con una potencia de cálculo de 200 TOPS.

Sin embargo, la inauguración dejó un titular bastante más inquietante. Vucic reveló que Serbia no solo ha adquirido “perros-robot” cuadrúpedos, sino que ya los está probando para aplicaciones militares, prometiendo una demostración pública en menos de 15 días. “No solo los verán caminar; los verán usar armas, y armas muy serias”, sentenció Vucic, enviando una señal inequívoca sobre el potencial de doble uso de esta nueva aventura tecnológica. Este anuncio llega apenas unas semanas después de que Estados Unidos prohibiera las importaciones de tecnología china similar, alegando riesgos para la seguridad nacional.

¿Por qué es esto importante?
Esta fábrica es mucho más que una simple línea de montaje; es una jugada estratégica en varios tableros. Para Serbia, país candidato a la Unión Europea, supone un salto de gigante hacia la industria de alta tecnología, impulsado por sus profundos lazos económicos con Pekín. Para China, representa la cabeza de playa perfecta para que su robótica desembarque en el mercado europeo, posiblemente esquivando futuros aranceles bajo el sello “Made in Serbia”.
En el contexto de la industria global, esto marca el paso de los prototipos de laboratorio a la producción masiva real. Mientras muchas firmas occidentales siguen atrapadas en fases avanzadas de I+D, esta planta serbia —respaldada por la capacidad demostrada de AGIBOT para desplegar miles de robots en China— podría suponer una aceleración drástica en la carrera por construir la fuerza laboral robótica del mundo. Eso sí, la mención explícita a la militarización garantiza que tanto Bruselas como Washington vigilarán muy, muy de cerca este nuevo hub tecnológico en los Balcanes.
