Mitsubishi Motors Corporation, una compañía más familiarizada con la construcción de Outlanders que con la de androides, ha dado un golpe de timón de campeonato: se lanza de cabeza al mundo de los robots humanoides. El gigante automotriz japonés anunció el pasado 9 de julio de 2026 que ha firmado un Memorándum de Entendimiento con Highlanders, Inc., una prometedora startup de robótica nacida de las entrañas de la Universidad de Tokio. ¿El plan? Ambicioso como pocos: reconvertir secciones ociosas de su planta de fabricación de coches en Kioto para producir en masa humanoides con “Inteligencia Artificial Física” (Physical AI), con la vista puesta en que la producción arranque tan pronto como 2027.
Esta alianza estratégica busca, ni más ni menos, que paliar la acuciante escasez de mano de obra en Japón. La receta es sencilla pero efectiva: combinar el ingenio robótico y el desarrollo de IA de Highlanders con la vasta experiencia de Mitsubishi en la producción a gran escala. Mientras Highlanders pone el cerebro y el músculo de los robots, Mitsubishi aporta esa capacidad industrial crucial –y endemoniadamente difícil de lograr– para escalar la fabricación. Según el comunicado, Mitsubishi ya ha metido la mano en el bolsillo para invertir en la startup y planea aumentar su participación. La meta de producción es una cifra que no es moco de pavo: 1.000 unidades al mes.
El primer cliente, y esto es jugoso, será la propia Mitsubishi. La compañía tiene la intención de desplegar estos humanoides en sus propias factorías para tareas que van desde el transporte de piezas hasta el ensamblaje, poniendo a prueba la criatura en casa y pagando de su propio bolsillo. Esta filosofía de “ser el primero en probar su propia medicina” o, como dirían los anglosajones, “eat your own dog food”, está diseñada para recopilar datos operativos a toda velocidad y afinar los robots frente a los desafíos industriales del mundo real.
¿Por qué es importante?
La jugada de Mitsubishi no es un hecho aislado, sino la última pieza, y quizá una de las más sólidas, de un puzle fascinante: los viejos lobos de mar del motor se están convirtiendo en los ‘kingmakers’ –los hacedores de reyes– del universo robótico humanoide. Al poner sobre la mesa su gigantesca infraestructura de fabricación, compañías como Mitsubishi están resolviendo el talón de Aquiles de muchas startups de robótica, que brillan en I+D pero se ahogan a la hora de producir en serie.
Este movimiento sitúa a Mitsubishi en un club cada vez más selecto, junto a BMW (socia de Figure), Mercedes-Benz (trabajando con Apptronik) y Hyundai (propietaria de Boston Dynamics). Estas alianzas están forjando una nueva columna vertebral industrial, uniendo la escala automotriz con la agilidad de las startups. Mientras algunos, como Tesla, prefieren ir por libre y cocinarlo todo en casa, este modelo de alianzas sugiere que el camino más rápido para sacar a miles de humanoides del papel y ponerlos a trabajar en la cadena de montaje es, simple y llanamente, aprovechar las fábricas que ya existen.

