Pittsburgh, PA – En lo que solo puede describirse como el arte de domar una explosión supersónica continua y controlada, Astrobotic ha anunciado hoy un hito histórico en la propulsión aeroespacial. La compañía ha probado con éxito su motor de cohete de detonación rotativa (RDRE, por sus siglas en inglés), bautizado como Chakram, en el Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA. Los resultados son de los que quitan el aliento: más de 1.800 kilogramos (4.000 libras) de empuje y, lo que es más impactante, una combustión continua de 300 segundos.
Esta “ignición” de cinco minutos se posiciona como la más larga jamás registrada para un motor RDRE, una tecnología que durante décadas ha sido el ojito derecho de los teóricos de la propulsión, pero un auténtico quebradero de cabeza para los ingenieros que intentaban llevarla a la práctica.
La campaña de pruebas, realizada en Huntsville, Alabama, puso al límite a dos prototipos del Chakram. En total, los motores superaron ocho pruebas de fuego real, acumulando más de 470 segundos de funcionamiento sin que el hardware mostrara el más mínimo signo de fatiga o daños. A diferencia de los motores de cohete convencionales, que dependen de una combustión constante y lineal, los RDRE utilizan ondas de detonación supersónicas que giran sin parar alrededor de una cámara anular. Sobre el papel, este método es mucho más eficiente y promete exprimir más empuje con la misma cantidad de combustible, una ventaja crítica cuando cada gramo de peso se paga a precio de oro en el sector aeroespacial.

El equipo de Astrobotic no ha ocultado su orgullo al afirmar que el motor se comportó “incluso mejor de lo esperado”, alcanzando un estado térmico estable durante su histórica combustión récord. Este resultado es un paso de gigante para demostrar que los motores RDRE pueden ser lo suficientemente fiables para misiones reales, dejando de ser proyectos de ciencia ficción para convertirse en hardware viable. Según la empresa, el Chakram es ya uno de los RDRE más potentes jamás demostrados en la historia.
¿Por qué es esto un punto de inflexión?
El éxito de una prueba de larga duración con un RDRE no es solo una curiosidad técnica para expertos; es un cambio de paradigma potencial en el diseño de naves espaciales. El aumento de la eficiencia —que podría mejorar el impulso específico hasta en un 15%— unido a un tamaño de motor más compacto, permitiría que las futuras naves transporten más carga útil o lleguen más lejos con menos combustible.
Astrobotic tiene planes ambiciosos para integrar esta tecnología en sus futuros aterrizadores lunares de clase Griffin, así como en sus cohetes reutilizables Xodiac y Xogdor. Para una empresa que recientemente vivió una misión lunar de alto perfil con un sabor agridulce, demostrar una tecnología de próxima generación con esta contundencia es un golpe sobre la mesa. Es una declaración de intenciones: aunque llegar a la Luna es endiabladamente difícil, Astrobotic va muy en serio en su apuesta por construir el hardware avanzado y eficiente necesario para una presencia permanente en el espacio cislunar.
