Justo cuando pensabas que la fiesta de los robots humanoides no admitía a un invitado más, Mentee Robotics se abre paso a codazos hasta la primera fila con el adelanto de su nuevo MenteeBot V3.1. La startup israelí, cofundada por el CEO de Mobileye y emprendedor en serie Amnon Shashua, acaba de presentar una máquina diseñada desde cero para la cruda realidad del trabajo industrial, presumiendo de una capacidad de carga de hasta 25 kg.
El V3.1 mide 1,75 m de altura y marca unos sólidos 70 kg en la báscula. Sin embargo, lo más revelador no es su ficha técnica, sino la obsesión de la compañía por la integración vertical. Mentee Robotics afirma que el desarrollo propio de cada componente —desde los actuadores y controladores de motor de precisión hasta manos robóticas con detección táctil basada en motores— es la clave para cerrar la brecha “Sim2Real”. Este problema, auténtico quebradero de cabeza en la robótica, se refiere a la dificultad de trasladar el aprendizaje de la IA desde simulaciones limpias y predecibles al caótico mundo real.

Para que el robot no deje de fichar ni un minuto, Mentee ha diseñado un sistema de baterías intercambiables en caliente (hot-swappable), con el objetivo de lograr una operatividad ininterrumpida de 24 horas al día, 7 días a la semana. Con 40 grados de libertad y una velocidad de marcha de 1,5 m/s, el bot está claramente destinado a entornos dinámicos como centros logísticos y plantas de fabricación. La empresa, que salió del anonimato en 2024, apunta al primer trimestre de 2025 para tener listo un prototipo de producción.
¿Por qué es esto importante?
Mientras otras compañías compiten por demostrar cómo sus humanoides doblan la colada, Mentee Robotics está apostando fuerte por el sector industrial, mucho menos glamuroso pero absolutamente crítico. Su enfoque “full-stack” es un ataque directo a los problemas de fiabilidad y despliegue que han mantenido a la mayoría de los humanoides encerrados en el laboratorio. Al controlar cada pieza, desde los motores hasta la IA, Mentee cree que puede alcanzar la robustez necesaria para un uso escalable en el mundo real. Si realmente logran minimizar el abismo Sim2Real, no solo habrán construido otro humanoide más; habrán creado una fuerza laboral robótica viable para un mercado que promete explotar en los próximos años.













