El robot Tiangong ya se controla por satélite: adiós al Wi-Fi

En un movimiento que grita a los cuatro vientos que “el futuro ya está aquí y no tiene zonas muertas”, el Beijing Humanoid Robotics Innovation Center ha demostrado con éxito que su robot humanoide Tiangong puede operar bajo el control total de un enlace satelital de órbita baja. Se trata, según los informes, de la primera vez que un humanoide jubila al Wi-Fi convencional y a las redes móviles terrestres para “llamar a casa” desde el terreno, demostrando que incluso nuestros amigos bípedos pueden teletrabajar desde los lugares más remotos.

Durante la demostración, celebrada en un reciente evento de la industria aeroespacial comercial en Pekín, el Tiangong recuperó con total parsimonia un documento del interior de un Robotaxi autónomo de WeRide. Toda la operación —incluyendo los movimientos precisos del robot y una señal de vídeo en directo a 720p desde su propia perspectiva— se transmitió en tiempo real a un centro de mando a través de un satélite de internet de GalaxySpace, situado a cientos de kilómetros de altura. La prueba confirma que las operaciones remotas complejas son viables sin la red de seguridad que supone la infraestructura de comunicaciones basada en tierra.

El Tiangong, un humanoide totalmente eléctrico de 163 cm de altura, fue presentado en abril de 2024 y es capaz de desplazarse a una velocidad estable de 6 km/h. Sin embargo, este último hito no va de velocidad, sino de alcance. Al cortar el cordón umbilical con las redes terrestres, el robot es teóricamente capaz de operar en cualquier punto del planeta que tenga una vista despejada del cielo.

¿Por qué es esto importante?

Este test no trata simplemente de un robot recogiendo un papel; se trata de redibujar por completo el mapa de los sistemas autónomos. El principal cuello de botella para desplegar robots avanzados en el mundo real ha sido, hasta ahora, la dependencia de una comunicación estable y de banda ancha. Al canalizar el control y los datos a través de una constelación de satélites de órbita baja, el Centro de Innovación de Pekín ha borrado de un plumazo los “puntos ciegos de la red”.

Esto abre la puerta a desplegar humanoides en escenarios que antes eran sencillamente imposibles: desde la inspección de oleoductos en desiertos remotos hasta labores de búsqueda y rescate en zonas de catástrofe donde las torres de telefonía han quedado reducidas a escombros, o el mantenimiento de instalaciones en alta mar y minas profundas. Es un paso crítico hacia un mundo donde la asistencia robótica no esté confinada a la pulcritud de un laboratorio o una fábrica, sino que pueda enviarse a esos rincones caóticos, impredecibles y desconectados del planeta donde más se necesita.