Justo cuando pensábamos que la robótica se había obsesionado exclusivamente con los humanoides que hacen volteretas y la dominación de los almacenes logísticos, una startup ha decidido apostar por un enfoque mucho más amigable. Fauna Robotics ha salido de su fase de sigilo este martes presentando a Sprout, una plataforma robótica humanoide diseñada no para cargar pesos pesados, sino para convivir de forma segura en espacios compartidos con humanos. Con una altura accesible de 1,07 metros y un peso de 22,7 kg, Sprout se parece menos a Terminator y mucho más a WALL-E, según sus propios creadores.
La empresa neoyorquina ya está enviando la “Creator Edition” de Sprout a desarrolladores, investigadores y socios comerciales con un objetivo cristalino: ofrecer un lienzo en blanco para la próxima gran oleada de aplicaciones de IA física (embodied AI). Olvidaos de las líneas de montaje; Fauna apunta al comercio minorista, el entretenimiento e incluso los servicios domésticos. Las especificaciones son más que dignas para una plataforma de este tamaño: cuenta con el cerebro de una NVIDIA Jetson AGX Orin, 29 grados de libertad —incluyendo unas cejas de lo más expresivas— y una autonomía de entre 3 y 3,5 horas con baterías intercambiables.
Según su CEO, Rob Cochran, la misión es crear robots que la gente pueda amar, no solo tolerar. Y parece que esta filosofía está calando hondo, ya que entre sus primeros clientes figuran pesos pesados como Disney y, curiosamente, sus colegas de Boston Dynamics. “Ver su robot por primera vez te permite, de alguna manera, vislumbrar el futuro”, comentó Marc Theermann, director de estrategia de Boston Dynamics.
¿Por qué es esto importante?
Mientras gigantes como Tesla y Figure AI se pelean por el mercado de la mano de obra industrial, Fauna Robotics está haciendo una apuesta a contracorriente por las plataformas sociales y de desarrollo. Al crear un humanoide accesible y centrado en la seguridad, Fauna está bajando la barrera de entrada para los desarrolladores que quieran experimentar con la interacción humano-robot en entornos cotidianos. Sprout no ha nacido para sustituir a un trabajador, sino para dar a cientos de programadores la herramienta necesaria para descubrir qué demonios deberían hacer los robots cuando están rodeados de personas. Esto podría abrir la puerta a aplicaciones en educación, cuidado de ancianos y entretenimiento que los robots más grandes e intimidantes, sencillamente, no pueden abordar.













