Anduril y Overland AI: drones y rovers se alían en el barro

El contratista de defensa Anduril Industries, Inc. y los especialistas en autonomía de Overland AI han completado con éxito una demostración de un equipo de vehículos autónomos, aéreos y terrestres, capaces de coordinarse para neutralizar amenazas. El ejercicio demuestra que el futuro de la guerra pasa por menos joysticks y más algoritmos trabajando en equipo. Esta prueba de campo conjunta mostró cómo conectar sistemas dispares mediante un “cerebro” de IA compartido puede reducir drásticamente los tiempos de respuesta en un campo de batalla caótico.

El ejercicio fue un ejemplo de manual de lo que el ejército de EE. UU. denomina Manned-Unmanned Teaming (MUM-T), un concepto que define como el “empleo sincronizado de soldados, vehículos aéreos y terrestres tripulados y no tripulados, robótica y sensores” para obtener una ventaja táctica. El despliegue incluyó dos vehículos terrestres ULTRA de Overland, equipados con el software de autonomía OverDrive, moviéndose en convoy junto a un vehículo tripulado. Desde el aire, un dron Ghost-X de Anduril vigilaba la zona, todos interconectados a través de Lattice, la plataforma de software de Anduril. Cuando el Ghost-X detectó drones enemigos acercándose, el operador humano simplemente asignó a los dos vehículos ULTRA la tarea de obtener una mejor visual.

Es la maniobra militar de toda la vida: detectar un problema y enviar a los robots a lo alto de la colina para ver qué pasa. La diferencia es que, esta vez, los robots condujeron solos. El software de Overland AI, perfeccionado en el programa RACER de DARPA, permitió que los ULTRA —con una capacidad de carga de unos 450 kg— navegaran por terrenos accidentados y encontraran posiciones elevadas sin intervención humana. Una vez en posición, los sensores de Anduril instalados en los vehículos detectaron y rastrearon la actividad de los drones enemigos, enviando los datos a través de la red para que los operadores pudieran desplegar contramedidas de guerra electrónica desde una única interfaz compartida.

¿Por qué es esto importante?

El campo de batalla moderno es un rompecabezas de sistemas incompatibles que nunca fueron diseñados para hablar entre sí. Esta demostración prueba que una red unificada e impulsada por IA puede resolver esa pesadilla de integración. Al lograr que los activos aéreos y terrestres compartan datos de sensores y coordinen acciones de forma autónoma, se puede acortar significativamente el ciclo entre la detección y el ataque (el famoso sensor-to-shooter), ampliar el conocimiento de la situación y reducir la carga cognitiva de los operadores humanos. Cada paso —desde el avistamiento de una amenaza con un dron hasta el reposicionamiento de un vehículo terrestre y el despliegue de una contramedida— ocurrió a través de una sola red, sin que nadie tuviera que transferir datos manualmente. No se trata solo de un robot sofisticado, sino de la red que los convierte en una manada cohesiva e impulsada por inteligencia artificial.