En un movimiento que es mitad “divorcio amistoso” y mitad “sujétame el circuito”, Brett Adcock, CEO de Figure AI, ha anunciado esta semana que su firma de robótica humanoide va a dejar atrás a OpenAI más rápido de lo que una Roomba huye de una escalera. ¿El motivo? Un “avance histórico” en su propia IA desarrollada internamente y la firme convicción de que subcontratar la inteligencia de un robot tiene tanto sentido como subcontratar tu propio esqueleto.
El cisma que ha hecho temblar los cimientos de la robótica
La alianza entre OpenAI y Figure del año pasado era el equivalente tecnológico a una “power couple”: el maestro de ChatGPT unido al prodigio de los humanoides. Pero, como ocurre con muchos romances de Silicon Valley, todo ha terminado con un post en redes sociales. El mensaje de Adcock en X reveló el nuevo mantra de Figure: “No podemos externalizar la IA del mismo modo que no externalizaríamos los actuadores o las baterías”. Traducción: “No eres tú, OpenAI, es que no estás lo suficientemente comprometida con los robots”.
Los mentideros de la industria sugieren dos catalizadores clave:
- El factor DeepSeek R1: Los rumores apuntan a que los modelos de IA de código abierto (como el chino DeepSeek-R1) han demostrado que no necesitas los LLM de OpenAI para enseñar a un robot a traer una llave inglesa y vacilar a sus compañeros de trabajo al mismo tiempo.
- Los pinitos de OpenAI con los robots: Con el equipo de Sam Altman registrando marcas para “humanoides programables por el usuario”, Figure probablemente decidió que competir contra tu propio inversor es como vivir de alquiler en casa de tu ex: un lío monumental.
La receta secreta: ¿Integración vertical o ambición desmedida?
El manifiesto de Adcock suelta una verdad incómoda para el sector, tal como recoge The Decoder: “Los LLM son ahora la pieza más pequeña. La verdadera batalla está en la IA de control de alta frecuencia”. Traducción: lograr que un robot charle sobre el tiempo es fácil; conseguir que atraviese una fábrica de BMW a toda prisa sin estamparse de cara contra una carretilla elevadora es el auténtico Everest de la IA física.
La estrategia de Figure calca el manual de juego del Optimus de Tesla: dominar todo el “stack” tecnológico:
- Hardware: El Figure 02, de 1,67 metros y 70 kg (que ahora es siete veces más rápido que su antecesor de 2024).
- Cerebro de IA: Modelos personalizados que procesan datos del mundo real obtenidos en sus despliegues en las fábricas de BMW.
- Ambición: Enviar 100.000 robots al mercado para 2029, suficientes para sustituir a todos los camareros de una gran ciudad.
La cuenta atrás de 30 días: ¿Skynet o la navaja suiza robótica?
La promesa de Adcock de mostrar “algo que nadie ha visto jamás en un humanoide” tiene a los analistas echando humo:
- Teoría 1: Nanobots autorreplicantes (poco probable, pero daría para una buena película).
- Teoría 2: Un robot que por fin dobla la colada sin convertir los calcetines en una obra de arte abstracto.
- Teoría 3: GPT-6 de OpenAI ejecutándose localmente… en una tostadora (solo por fastidiar).
Una cosa está clara: con 1.500 millones de dólares en financiación y el respaldo de pesos pesados como Bezos y Nvidia, Figure apuesta todo a que el futuro del trabajo no es humano, sino humanooide.
¡Únete a la brigada robótica!
Al más puro estilo Silicon Valley, Adcock aprovechó el anuncio de la ruptura para lanzar una oferta de empleo:
Se busca:
- Magos del entrenamiento de IA (Deben amar las redes neuronales y odiar dormir).
- Cowboys del aprendizaje por refuerzo (Para domar el rodeo robótico).
- Nerds de la evaluación (Porque “se ha movido” no es una métrica aceptable).
Los beneficios incluyen: El derecho a fardar cuando tu código logre que un robot baile la Macarena.
El panorama general
Mientras OpenAI reconstruye discretamente su equipo de robótica, este divorcio subraya un cambio tectónico: la IA ya no es solo software. Las empresas que dominen la robótica serán aquellas que logren fusionar una IA a medida con un hardware que encaje mejor que los sensores de torque de un robot.
Así que preparad las palomitas (o el aceite de motor). En 30 días asistiremos a una revolución de la robótica… o veremos la Roomba más cara de la historia. Hagan sus apuestas. 🤖













