La próxima vez que te preocupes por una posible rebelión de las máquinas, piénsalo dos veces: para la segunda economía más grande del mundo, el robot no es una amenaza distópica, sino una necesidad demográfica vital. Según la 71.ª edición del prestigioso informe Equity Gilt Study de Barclays, China se enfrenta a un déficit de mano de obra tan colosal que solo un ejército de robots puede cubrirlo. Y no hablamos de simples brazos mecánicos, sino de 24 millones de robots humanoides para el año 2035.
El nuevo informe del banco británico, titulado “Robots Roll Out, Economies Rewire” (El despliegue de los robots: el nuevo cableado de las economías), dibuja un panorama implacable. Se proyecta que, durante la próxima década, la fuerza laboral de China se reducirá en la asombrosa cifra de 37 millones de personas (asumiendo una tasa de participación cercana al 65 %). En un escenario optimista pero sorprendente, los analistas de Barclays estiman que el despliegue de 24 millones de humanoides podría compensar hasta el 60 % de esa caída. No se trata de tapar agujeros en una línea de montaje; es la creación de una nueva fuerza de trabajo equivalente al 4 % de la población activa actual del país.
La bomba de relojería demográfica y su antídoto robótico
La crisis demográfica china no es ningún secreto. La contracción de la población en edad laboral, subproducto de décadas de la “política de hijo único”, es una bomba de relojería para una economía que depende de su músculo industrial. Con un segmento de población activa que ha pasado de representar más del 70 % hace diez años a rondar el 61 % en 2025, Pekín ha entendido que la automatización no es solo una cuestión de eficiencia, sino de pura supervivencia.
Aquí es donde entran en escena los humanoides. Barclays define este momento como la “tercera fase” de la automatización. Olvidaos de esos brazos robóticos anclados al suelo para una sola tarea. Esta nueva generación de IA física, impulsada por avances en aprendizaje automático, autonomía de baterías y mecánica de precisión, está diseñada para desempeñar empleos completos en entornos pensados para seres humanos.
“Los robots humanoides representan la próxima frontera de la IA, combinando inteligencia con capacidad física”, afirma Ajay Rajadhyaksha, presidente global de investigación en Barclays. “Su efecto podría ir mucho más allá de la tecnología, reconfigurando la estructura misma de la economía global”.
El argumento económico es cada vez más sólido. El estudio destaca que el coste unitario de los humanoides se ha desplomado casi 40 veces en los últimos cinco años, situándose en torno a los 100.000 dólares. Algunos analistas predicen incluso que los precios podrían bajar hasta los 37.000 dólares para 2030. Barclays estima que el mercado global de robótica humanoide podría explotar, pasando de unos modestos 2.000-3.000 millones de dólares actuales a la masiva cifra de 200.000 millones de dólares en 2035.
El liderazgo incontestable de China
Mientras empresas occidentales como Tesla o Figure AI acaparan titulares con demostraciones impecables, China está ganando terreno silenciosamente gracias a su potencia industrial. Según el estudio, el país ya representó un impresionante 85 % de los despliegues de humanoides en 2025. No es casualidad; es una estrategia de Estado para mantener su hegemonía manufacturera.
El banco de inversión Morgan Stanley coincide con esta visión, proyectando que este impulso robótico ayudará a China a incrementar su cuota en la manufactura global del 15 % al 16,5 % para 2030. Ven paralelismos directos entre la estrategia actual en robótica y el ascenso de China en el sector del vehículo eléctrico hace una década. Mientras las firmas estadounidenses buscan la perfección con un enfoque de “la IA primero”, China aplica una táctica de “el despliegue primero”, inundando el mercado con hardware para recopilar datos del mundo real a una escala inalcanzable para otros.
Esto genera un bucle de retroalimentación formidable: más robots desplegados significan más datos, lo que se traduce en una IA más inteligente, mejor hardware y costes más bajos. Un ciclo que a sus competidores les resultará casi imposible de romper.
El nuevo cableado de la economía global
Las implicaciones de este cambio trascienden las fronteras chinas. El informe de Barclays argumenta que, al expandir la frontera de producción, la IA física impulsará la productividad, el crecimiento de los beneficios y el rendimiento de los activos a largo plazo.
También hay un ángulo geopolítico de recursos. La construcción de este ejército de 24 millones de robots requerirá una montaña de materias primas. Bloomberg informó que el estudio señala un auge inminente para las naciones exportadoras de materias primas. Países como Chile, Perú, Brasil e Indonesia están posicionados para beneficiarse de la creciente demanda de metales y minerales esenciales para fabricar sistemas avanzados de robótica e inteligencia artificial.
Por supuesto, este futuro robótico no está escrito en piedra. La cifra de “hasta 24 millones de robots” es un escenario de máxima sustitución muy optimista. Presupone una adopción tecnológica rápida y una integración fluida en la fuerza laboral. Sin embargo, aunque la realidad se quede en la mitad de esa proyección, estaríamos ante una reconfiguración fundamental de la economía mundial. La era de la IA física ya está aquí, y parece que marcha al ritmo que marca el gigante asiático.
